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Sorprende, que algo queda

El uso de la sorpresa en nuestras intervenciones en público es una de las garantías de que nuestro mensaje impactará y será recordado. Pero, ¿esto por qué es así? ¿Y cómo conseguimos sorprender a nuestros oyentes? La clave está en “escuchar” a nuestro auditorio y comprender cómo funcionan sus esquemas mentales preconcebidos.

El pasado 11 de enero recibí un correo electrónico de mi tío Pedro. En realidad recibo cada día entre 10 y 20 e-mails de broma (¿ladrones de tiempo?) de mi tío, que está jubilado y es un experto en el uso de internet (trabajaba como informático funcionario). Era uno de esos e-mails en cadena para sorprendernos, entre la leyenda urbana y la teoría de la conspiración, relativo al 11-S y la magia del número 11. Puedes leerlo aquí.

Te invito a que encuentres argumentos para echar abajo las teorías conspirativas que hay en el documento. Es muy fácil, ¿verdad? (¿Por qué no los incluyes como un comentario a este post?). Pero la clave no está en la argumentación. Por lo que te traigo hoy este texto es porque, sin duda alguna, lo habrás leído hasta el final. La forma como consigue despertar tu atención “te obliga” a leerlo entero.  Las primeras frases nos anuncian que nos quedaremos de piedra, que nos sorprenderemos, y va seguido de preguntas que despiertan nuestra curiosidad.

¿Qué es lo que despierta nuestra curiosidad?

Según Paul Ekman, la sorpresa actúa como una especie de “fijador de la atención” en los seres humanos. La sorpresa actúa en nosotros como una especie de anulación de emergencia de nuestras rutinas mentales cuando nos encontramos algo inesperado o nuestra máquina adivinadora falla.

maquina adivinadora¿Que qué es nuestra máquina adivinadora? Mi amigo Gonzo Suárez dice que nos pasamos la vida intentando averiguar lo que va a pasar o deduciendo por qué han pasado las cosas. Generalmente fallamos, claro. Por eso cada vez que acertamos estamos tan contentos y resalta tanto en nuestra mente que nos reafirmamos en que somos capaces de hacerlo. Por cada previsión acertada que has tenido la semana pasada, ¿cuántas fueron erradas? Ese proceso automático es nuestra máquina adivinadora. Está continuamente funcionando. Hasta que la sorpresa la detiene.

Las ideas inesperadas se nos quedan, porque la sorpresa nos hace prestarles atención y pensar. Nuestra máquina adivinadora comienza a analizar las causas subyacientes de la sorpresa, a imaginar otras posibilidades, a figurarse cómo evitar nuevas sorpresas en el futuro para seguir confirmándose como máquina adivinadora infalible. Vano afán. Pero muy útil tenerlo en cuenta para cuantos nos relacionamos con personas: La sorpresa capta la atención de las personas, hace que nuestras palabras entren en su mente y nuestras ideas se hagan un hueco en sus rutinas.

¿Cómo podemos sorprender a nuestros oyentes?

Volvamos al ejemplo de mi tío Pedro. Sigue el esquema típico de las conspiraciones.

  1. Nos acerca a una realidad que ya nonocemos (el terrorismo, el 11-S, el 11-M,…),
  2. nos resalta aspectos que desconocíamos o no nos habíamos fijado (los juegos matemáticos que resultan en el número 11) y
  3. reinterpreta esa realidad dándole otro significado (hay algo oculto conspirando en la numerología y el Islam).

Aquí está la clave para nuestro propósito diario como oradores: Si quieres que tus ideas se queden en las mentes de tus oyentes, tienes que parar su maquina adivinadora, romperla, y volverla a reparar introduciendo tus nuevas pautas o reinterpretaciones de la realidad.

Así que, la mejor fórmula para que tus ideas se fijen en la mente de tu auditorio es

  1. Identifica el mensaje central que quieres comunicar - encuentra lo nuclear de tu mensaje,
  2. Descubre que es lo que tiene de contra-intuitivo tu mensaje (¿Qué es lo sorprendente de tu mensaje? ¿Cuáles son las inesperadas implicaciones de lo nuclear de tu mensaje? ¿Por qué no es algo que ya esté sucediendo naturalmente?)
  3. Comunica tu mensaje de forma que rompa las máquinas adivinadoras de tu auditorio de una dimensión críticamente contra-intuitiva. Entonces, una vez que sus máquinas adivinadoras han fallado y están buscando respuestas, ayúdales a redefinir sus máquinas.

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  1. 5 Abr 2009, 20:05 | #1

    En primer lugar me a legro mucho de volver a leerte, te echabamos de menos.

    En segundo lugar me ha parecido interesante el concepto de la máquina adivinadora, y de buscar el romperlas para lograr la mayor atención. Pero tu última frase es muy importante ya que si no les ayudamos a incorporar un nuevo patrón a su máquina que sea solvente, podemos conseguir un efecto contrario y que defraudemos sus expectativas.

  2. 7 Abr 2009, 12:37 | #2

    Efectivamente, Eugenio, la sorpresa por sí misma no vale como elemento de presuasión o cambio personal si no ayudamos a recomponer la máquina automática. Es el caso de algunos anuncios de televisión que producen un gran impacto, pero que nadie recuerda cuál es el producto. Por ejemplo, a mí me sucede con el anuncio del niño que le pregunta a su padre si sabía que una compañera de clase era de raza negra. Recuerdo el anuncio y sé que era de un coche pero…

    Un placer leer tus comentarios, Eugenio.

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